














Galápagos es uno de esos lugares que ayudaron a cambiar nuestra forma de entender la vida.
Fue aquí donde, en 1835, Charles Darwin hizo observaciones que años más tarde serían fundamentales para desarrollar su teoría de la evolución por selección natural: las especies cambian con el tiempo y aquellos individuos mejor adaptados a su ambiente tienen más posibilidades de sobrevivir, reproducirse y transmitir sus características.
El ejemplo más conocido son los pinzones de las islas. Darwin observó que la forma de sus picos variaba de una isla a otra: unos gruesos y fuertes, capaces de romper semillas duras; otros finos y alargados, ideales para atrapar insectos. Diferentes ambientes, diferentes recursos, diferentes picos.
Llegamos con Flor a las Islas Galápagos para fotografiar sus paisajes, sus animales y a sus habitantes.
Primero exploramos San Cristóbal. Después, Santa Cruz.
El viaje en lancha hasta Santa Cruz fue bastante agitado. Tres horas con el mar revuelto, mirando el horizonte para no marearnos. Llegamos algo descompuestos, pero con ganas de seguir.
A Isabela llegamos en una avioneta.
Nos encantó desde el primer momento y decidimos quedarnos unos días.
Las islas forman parte del Parque Nacional Galápagos, creado en 1959. El parque protege aproximadamente el 97 % de la superficie terrestre del archipiélago. Además, las aguas que las rodean están protegidas por la Reserva Marina de Galápagos, creada en 1998.
Acá todo invita a prestar atención a los recursos.
Se raciona el agua, se cuida la energía y se aprovecha cada cosa. La escasez de agua dulce, la limitada oferta de productos y las normas ambientales hacen que muchas cosas que en otros lugares damos por sentadas acá requieran atención.
Hoy me levanté antes del amanecer.
Quería que los primeros rayos de luz me encontraran haciendo fotos en la orilla.
Buscaba iguanas, pelícanos y piqueros de patas azules. Quería fotografiarlos cuando se lanzan en picada desde la altura, como flechas, para entrar al agua y atrapar peces con el pico.
Un espectáculo que nunca antes había visto.
Creo que tengo alguna imagen que me gusta.
A las ocho volví al hotel para desayunar con Flor.
Hoy nos espera un día de caminatas por los senderos de la isla.
Vamos caminando con una sonrisa.
Estamos contentos de estar acá.
Nuevo día en Galápagos.
Hoy volví a salir temprano, como todas las mañanas.
Voy siguiendo a un pelícano que vuela con un estilo hermoso. Estoy tan concentrado en fotografiarlo que no veo una piedra volcánica cubierta por el agua.
Le pego.
Uno de los dedos del pie izquierdo queda partido al medio, de costado.
Así termino en el hospital.
Soy el único paciente.
El pequeño hospital también está a orillas del mar. El reflejo del agua entra por los pasillos y todo parece transcurrir con una calma serena.
La atención es buenísima y no me cobran un peso.
Los ecuatorianos son muy amables y hospitalarios. Nos sentimos muy cómodos andando entre ellos.
Después del hospital pasamos por un almacén y nos llevamos una porción de budín de banana, una de las especialidades de la isla.
La doctora me pide que durante los días siguientes no me saque los borcegos, ni para nadar.
Hoy es un día para descansar y dejar que el pie se recupere un poco.
Pasamos la tarde en un barcito, seleccionando fotos, escribiendo y charlando con los locales.
Falta muy poco para el Mundial de Brasil 2014, así que las conversaciones empiezan hablando de la conservación de las islas y terminan sobre fútbol y Messi.
Los próximos días, la aventura continúa con el pie vendado y los borcegos puestos.






